martes, 31 de agosto de 2010

Del apego que nos costó construir [Parte I]

Cuando decidí crear mi blog, lo hice con la intención de contar mi experiencia sobre la maternidad, para que Juan tenga una versión más fresca de la que seguramente va a tener cuando me llegue el turno de poder contársela, y que él me escuche con atención. 

Pero, sinceramente llegamos hasta acá y la cosa nunca fluyó. Como diría Mariclo, es la mente que se resiste cuando una experiencia se le va de las manos. Se bloquean los recuerdos o el habla, impidiendo "sacarlo a la luz".

Así que voy a empezar de a poco, para poder contarlo con los rasgos más importante para mí.

Tuve un embarazo tranquilo, feliz, con poquisimo malestar.
Estaba convencida de que se trataba de un varón y no nos resultó sencillo ponernos de acuerdo con el nombre, que a mí me gustaba Antonio y a Mauro le gustaba Vicente. Al fin llegamos a uno que nos convenció: Juan Martín.

El ginecólogo me producía mucha insatisfacción. Cada vez que ibamos a control, nos "despachaba" muy rápido. Se reía de mis preguntas diciendome, dejate de joder, está todo bien, disfrutá. No comas mucho, NO ENGORDES!!! No me gustaba, pero no me animé a cambiar porque en el parto iba a estar una obstetra amiga, asistente del sr. doctor.

Había una pequeña sombrita que me perseguía. Yo tenia fecha de parto para el 4 de julio. Y mi deseo era que no naciera ni el 20 de junio (fecha en la que mi papá se accidentó) ni el 22 de junio (en la que falleció). Odiaba esas fechas (ya no, por suerte).

El 20 de junio tenía previsto una cita para monitoreo.
Llegué al sanatorio un poco preocupada porque no lo sentía moverse demasiado.
El monitoreo daba los latidos bajos. Me mandan a comer chocolate. Me vuelven a hacer el monitoreo: a reposo. Vuelvo a casa, preparo el bolso por las dudas. Empiezan las contracciones. Esperamos en casa. Vamos al sanatorio. Los latidos bajos. Me mandan a caminar por los pasillos. Tengo 1 cm y medio de dilatación, casi nada. Muchas contracciones y el bebé con los latidos bajos. Son las 7 de la mañana del 21 de junio. La presión me subió a 14 no-se-cuanto. Me decretan, no podemos esperar más, vamos a cesárea.

Se me vino la ilusión abajo, me sentí muy mal, sentí que al final no pude, que no iba a parir como me había preparado, que estaba en ese puto sanatorio en esas putas fechas. Desnuda casi, acostada en ese frío quirófano. Lloraba como una magdalena.

El ginecólogo entra y me reta, vas a tener a tu hijo en media hora entre tus brazos, por qué lloras????

Me sentí estúpida, una pendeja. Sí, me dije, no llores. Ahora viene Juan, lo voy a conocer, se viene la prendida a la teta, el soñado momento del apego.

Ni mierda.

Lo escucho llorar. Lo chusmeo entre los médicos que estaban ahí. Es igual a mi suegro! No lo podía creer. Me lo traen, lo beso y detiene su llanto, siento su piel tan suave. Se me llenan los ojos de lágrimas.
El bebé tiene el pulmón húmedo. Lo tenemos que llevar a la neo. En dos horas lo tenés de vuelta.

Ni mierda.

Juan estuvo en la neo 7 días completos. Lo visitabamos cada 3 horas religiosamente, antes de ir, me sacaba leche con el sacaleche (creo que probé 5 o 6 sacaleches distintos porque todos me hacian doler). Pero nosotros sabíamos que eso era importante, para que baje, para que no se corte. Y nos poníamos el despertador cada 3 horas, religiosamente.
Juan no tomaba leche. Lo alimentaban por sonda. Estuvo con campana de oxígeno 4 días.

Nosotros lo mirábamos, parados al lado de su cuna, tan chiquito, a veces se movía mucho. Metíamos la mano por los agujeros de la incubadora, para que nos sienta. A veces se alteraba. No lloraba.



Recuerdo que yo no sentía lo que creí que iba a sentir.
Lo miraba y me decia... ese es mi hijo... Y mi apego??? Me lo robaron, en mis propias narices. Me consolaba pensando que algunos padres la pasan peor. Que Juan estaba bien. Aunque un día la pediatra nos dijo, que se reponga o no, no podemos asegurarlo. Algunos bebés quedan en el camino. Duro.

Cuando pudo respirar sin dificultad, me dijeron que lo podía llevar a casa sólo si se prendía a la teta. Yo saltaba de feliz, obvio que se iba a prender!

Ni mierda.

No tenía fuerzas para succionar! Tenía que apretarle (levemente) con el dedo cerca de su boca para estimularle el movimiento de succión.
Y cuando pudimos, nos fuimos a casa los tres... Por fin.

(continuará...)


4 comentarios:

LíA dijo...

Que difícil comienzo...
Felicitaciones por la fuerza!!

Lourdes dijo...

Tenía mucha necesidad de "purgar" esta parte de mi historia.
El motivo es que muchas cosas que vivimos los 3 fue consecuencia de estos primeros momentos.
Parece vergonzozo que uno hable de desilusión, de stress, de desconexión, cuando después de todo pudimos llevar un bebé sano a casa.
Pero es parte de nuestro aprendizaje.
Y como titulé esta entrada, se trata del apego que nos costó construir.
Gracias por tus palabras...

Gi dijo...

:( Lamento mucho por lo que pasaron, pero es bueno que hoy puedas sacarlo para afuera y que hayan podido ir revirtiendo la situación hasta llegar al "apego". Besos!!!!

Mariclo dijo...

Negri...conozco casi toda la historia, pero algunos detalles no..me encanta leerlos...hace que me sienta mas cerca...
Pd: me acuerdo que un nombre en contienda era Lucio, o no?

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